Silvertip, el paraíso de nieve virgen para los amantes del heliesquí

Posted on: Friday, January 18th, 2019

by Fuera de Serie  and Fernando Torrente
Photos: Alain Sleigher

Silvertip es el “lodge” soñando por los esquiadores de la nieve virgen. Situado en la Columbia Británica (Canadá), descubierta en los años 50 por el austriaco Hans Gmoser, precursor del heliesquí, es un paraíso natural inabarcable. Quizás el mejor lugar de esquí fuera de pista del mundo.

Situado en Canadá, en la orilla del extremo oriental del lago Quesnelel lago glaciar más profundo del mundo -más de 610 metros y una longitud de más de 100 kilómetros-, se encuentra Silvertip: un recóndito refugio de montaña sólo accesible por medio de helicóptero o avioneta o navegando a través de sus aguas. No hay carreteras para llegar hasta él, el camino más cercano se encuentra a 72 kilómetros. Construido en el año 1967 para la práctica de la pesca y la caza, fue adquirido en el año 2002 por Canadian Mountain Holidays (CMH)el operador de heliesquí más antiguo y grande del mundo, para la práctica de este deporte. En el año 2009 fue vendido a un grupo de inversores que, infructuosamente, trataron de explotarlo en exclusiva para sus miembros y en 2015 fue comprado, junto con tres amigos, por su actual propietario: el canadiense Mike Binnion, que vio cumplidos sus sueños de infancia y que quiere “hacer de Silvertip el mejor lodge privado de esquí, senderismo y pesca del mundo”.

Silvertip, un refugio para los amantes del heliesqui

Este refugio era, en palabras de quien fue durante muchos años su mánager y guía jefe, Willy Trinker, el secreto oculto de CMH. “Si quieres conocer el verdadero Canadá, ve a Silvertip“, decía él. Escondido en el borde de las montañas Cariboo, las más septentrionales de la cadena de Columbia, tiene el sabor de lo auténtico. Se puede disfrutar de la naturaleza en estado puro, en medio de la nada, y de la grandiosidad de sus majestuosas y misteriosas cumbres. Aquellas que, cuando Hans Gmoser (Linz, Austria, 1932-2006) llegó con apenas 19 años a Canadá en busca de fortuna, tanto le impactaron y le llevaron a decir que “habían sido creadas por Dios para ser esquiadas por el hombre”. Gmoser se ocupó de que así fuera.

Recorrió las inexploradas cordilleras canadienses, escaló sus montañas más altas, descubrió haciendo esquí de travesía los mejores descensos de nieve profunda de la Columbia Británica y escogió los lugares donde enclavar los 12 refugios que, a su muerte, en el año 2006, formaban el territorio esquiable de CMH: 12.140 kilómetros cuadrados. Tuvo la visión de llevar el helicóptero a la montaña para subir a los esquiadores a cimas inexploradas sin necesidad de hacer una esforzada travesía ni de instalar remontes en ella, preservando la naturaleza intacta, y permitiendo disfrutar del privilegio de ser los primeros y únicos en descender en soledad por sus laderas y bosques, cubiertos de nieve virgen, en una íntima y silenciosa conexión con la naturaleza salvaje.

La aventura comienza ya desde el acceso al refugio, únicamente por el aire, lo que permite gozar de espectaculares vistas de los bosques nevados de las montañas de Cariboo. Alain Sleigher.

El padre del heliesquí

Gmoser sentía pasión por lo que hacía. Un hombre extraordinario: pionero, escalador, aventurero, guía de montaña, esquiador, cineasta, empresario. Sentó las bases del alpinismo moderno. Con sólo 31 años fue uno de los fundadores de la Asociación de Guías Canadienses y su primer presidente técnico. A los 35 fundó Bugaboo Helicopter Skiing Ltd., germen de la actual CMH, junto con su amigo Leo Grillmair y otros cuatro socios (Jack Mackenzie, Charles Barlow y sus respectivas mujeres, Sheila y Geraldine). Silvertip fue el último lodge en añadirse a la compañía, en vida de Gmoserconsiderado el padre del heliesquí.

Un esquiador se desliza a toda velocidad levantando polvo. Las peculiares condiciones geográficas y meteorológicas proporcionan abundante nieve, ligera, seca y esponjosa como algodón. Alain Sleigher.

Cerca del alojamiento hay 118 descensos esquiables (runs), en los 1.440 kilómetros cuadrados de dominio a su disposición (una cuarta parte del territorio que ocupa la Comunidad de Madrid). La calidad de la nieve es extraordinaria, pues la cadena montañosa de Columbia (y sus subcordilleras Selkirk, Monashee, Purcell y Cariboos) está situada lejos del calor del océano, protegida de forma natural de las incursiones violentas de aire ártico glaciar, lo que proporciona temperaturas frías estables. Al encontrarse las corrientes de aire húmedo del Pacífico con el aire frío y seco de las Rocosas durante el invierno, se producen secuencias de grandes nevadas regulares que proporcionan un manto abundante de nieve en polvo, ligera, seca y esponjosa, como algodón, que resulta fácil de esquiar. La variedad del terreno esquiable es inmensa: couloirs (tubos), glaciares ondulados para los días soleados, bosques de pinos con árboles cubiertos de blancos copos para las jornadas en que nieva…

El descenso más codiciado

Dale McKnight, el actual primer guía de Silvertip cree que hay 30 descensos de bosque inigualables, “que no se encuentran en ningún lugar del mundo”. El verano pasado esta zona sufrió algunos incendios provocados por fenómenos naturales, lo que, paradójicamente, ha hecho aún mejores las bajadas en cuyas laderas están enclavados los árboles quemados. Para los amantes del esquí en nieve profunda, los descensos entre pinos son, probablemente, la variante más codiciada. Los árboles sirven de referencia para marcar el relieve en los días en que, por estar nevando, este es más reducido; dan sujeción y estabilidad a la superficie, y ello permite disfrutar de bajadas de mucha pendiente. Y la nieve, que va acumulándose entre ellos según pasa el día, tiene además mejores condiciones si cabe. Steep and deep, pendiente y profundo. Si el bosque ha ardido, la visibilidad aumenta, pues las ramas de las coníferas pierden sus hojas.

El autor del reportaje acomete un descenso entre pinos, el más codiciado por los amantes de esta disciplina. Alain Sleigher.

Impacta el contraste del negro carbón de los troncos y ramas calcinados y el blanco de la nieve recién caída que se acumula en ellos. No hay nada como bajar a saco por esos bosques quemados, dejándose llevar por la adrenalina y la emoción, a gran velocidad, rompiendo la nieve virgen que salta, en polvo, al paso del esquiador que se sumerge y hunde en ella para salir flotando al fin de cada giro. Es habitual rozar las ramas chamuscadas de los árboles que manchan de negro los pantalones y los anoraks de los esquiadores. “Black jackets!”, grita enérgico McKnight al final de una memorable bajada por el llamado The Noble Secret, pues las marcas negras son el testigo y la señal de haber practicado un esquí inigualable, distinguen a quien las lleva.

Tres esquiadores durante el descenso por la ladera denominada Promise Me, en la zona más alta de los glaciares. Alain Sleigher.

Las bajadas entre pinos son probablemente las más valoradas y su variante con pillows (grandes rocas o bruscos desniveles almohadillados por nieve virgen de gran espesor) aún más entre el público más joven. Los días soleados se puede disfrutar del esquí en las cotas más altas. Sin limitaciones de visibilidad, el helicóptero transporta a los aventureros a las zonas de mayor altitud. Son días de esquí distintos, en los que se goza del privilegio de contemplar una inmensidad de cordilleras, montañas y picos, en un horizonte blanco y azul sin fin, con lagos helados, glaciares de nieves perpetuas y fiordos, y disfrutar de su incomparable belleza.

Esos días se esquía sin otro condicionante que seguir las instrucciones del guía para no caer en una grieta o en un inesperado acantilado. “If you don’t see, don’t ski”, es la regla de oro en el esquí de montaña, en el bosque y en el glaciar. La sensación de libertad es absoluta y permite disfrutar de descensos que parecen no terminar nunca. Como acertadamente plasmó en un símil, hace años, un esquiador italiano que no encontraba la forma de describir las sensaciones que le producía esta experiencia: “No encuentro nada comparable: es como meter un oso en una piscina olímpica llena de miel”. Y reclamaba, con gran sentido del humor: “Sólo le digo a Dios: si esto es el paraíso, ¡llévame de inmediato!”.

El grupo de aventureros, recién llegados en helicóptero hasta la cumbre del glaciar, y antes de empezar el descenso. Alain Sleigher.

Mike Binnion y María, con sus socios, ponen a disposición de los clientes un refugio de montaña, al borde del lago y rodeado de árboles, con 10 habitaciones (ocho en el edificio principal y dos en una cabaña adyacente), todas ellas con cuarto de baño individual y que puede albergar hasta 16 ocupantes. Cuenta con zona spa en una casa de madera separada (con sauna de leña, baño turco y jacuzzi al aire libre con vistas al lago) y una decena de personas para atender a los huéspedes durante su estancia entre guías, piloto y mecánico, cocinero jefe y ayudante, masajista y responsables del mantenimiento e intendencia del lodge.

Lujo rústico

Se puede disfrutar de la comodidad de un hotel de cinco estrellas en un lugar remoto y exclusivo, sin pompa ni ostentación, en el que uno se siente como en casa. No hay adornos superfluos. Lujo rústico para disfrutar del privilegio de una experiencia única: montaña y nieve, naturaleza salvaje. Y, por supuesto, el compañero indispensable: un helicóptero, el imponente Bell 212 Twin Two-Twelve, para transportar volando a los esquiadores a las montañas donde podrán descender por los runs de nieve en polvo distribuidos en el territorio virgen que, gracias a la concesión del Gobierno de Canadá, Silvertip puede explotar. Un helicóptero sin parangón, valorado por los mejores pilotos del mundo por su versatilidad, la seguridad (dispone de dos motores que aseguran el vuelo aunque uno falle) y por su capacidad de transporte: 10 esquiadores, más el piloto y dos guías. Aunque el Bell de Silvertip está configurado de manera especial para sólo ocho esquiadores, si así se quiere, dejando más espacio y comodidad y diferenciarlo así de otras experiencias de heliesquí.

Busol White el experimentado segundo guía que acompaña a cada expedición. Conoce todos los rincones de la superficie esquiable a disposición de los clientes de Silvertip: 1.40 kilómetros. Alain Sleigher.

Del equipo, cuatro personas -dos guías, piloto y mecánico- son los responsables principales de la seguridad de los esquiadores, elemento fundamental del heliesquí, el más importante. Sus guardianes. Fue siempre la gran obsesión de Hans Gmoser y el factor al que consagró más dedicación y esfuerzo. También lo es en Silvertip. Los guías, perfectos conocedores del terreno, son capaces de reconocer cada milímetro de las montañas, glaciares y bosques, con sus peligros escondidos, por los que los esquiadores descenderán.

Los esquíes cubiertos de nieve reposan a la entrada de la Ski Shop en el Silvertip “logde”.Alain Sleigher.

Ser guía completo (Ski, Rock, Alpine, and Full Mountain Guide) de la ACMG (Association of Canadian Mountain Guides) requiere una preparación larga y exigente, que suele ser superior a 10 años. El primer guía es Dale McKnight, que dirige y conduce a los esquiadores encabezando cada descenso, y el segundo guía, que ocupa siempre el último lugar, baja guardando las espaldas de todos los miembros del grupo y poder así ayudar ante cualquier imprevisto. No sólo conducen el grupo en la montaña, sino que ambos planifican cada jornada, levantándose horas antes que el resto, para analizar las condiciones del tiempo y de estabilidad de la nieve y decidir las zonas a esquiar por ofrecer la mejor calidad y mayor seguridad. A su lado, el tercer guía, el piloto, responsable de volar el Bell 212 entre montañas y valles y posarse en lugares inverosímiles. Hombres con una destreza en el pilotaje extraordinaria, capaces de hacerlo en condiciones meteorológicas extremas, visibilidad reducida, cambios inesperados, vientos y cimas en las que las corrientes pueden jugar una mala pasada.

De izquierda a derecha: Tito Lázaro, Casilda Moreno, Daniel Losantos, Luis de Paz (de Mundo Expedición), Jaime Alonso, Fernando Sánchez Falcó y Fernando Torrente. Alain Sleigher.

McKnight se considera un privilegiado y dice tener “el mejor trabajo de guía deBritish Columbia“. Silvertip lleva tres años comercializando la práctica del heliesquí y ofrece algo distinto, que engarza con el espíritu original de Gmoser: disfrutar de la naturaleza y del esquí en nieve profunda, por su calidad y no por la cantidad de metros o de runs que se han hecho en una jornada. En Silvertip, las cosas son distintas y se disfruta de forma especial una experiencia tan única como es poder esquiar en compañía de un grupo reducido de amigos (entre ocho y 16) que comparten la pasión por la naturaleza y el esquí en nieve virgen.

A medida

Entrada al “lodge” Silvertip, que ofrece la comodidad de un cinco estrellas, y tiene capacidad para acoger hasta 16 huéspedes.Alain Sleigher.

No hay prisa si el grupo no quiere tenerla, se planifica cada día a medida, se puede volver a almorzar al lodge si se quiere o hacerlo en las montañas. Al terminar la jornada, después de cenar, toca sentarse al calor del fuego para recordar los momentos tan especiales que se han podido vivir. En palabras de Gmoser: “Después de un día de esquí, te contentarás con sentarte alrededor de la chimenea, tomar un trago, cantar un poco, hacer algunas bromas y disfrutar luego de un buen descanso nocturno. Porque verdaderamente lo necesitas”. Luis de Paz, uno de los socios fundadores de la agencia de viajes Mundo Expedición y empresario del sector del turismo, acaba de estar allí y ha podido comprobar lo que Silvertip ofrece. “El mejor esquí que he podido disfrutar nunca, es algo increíble”, asegura. Y la privacidad de tener, sólo para usted, todo el territorio esquiable y una casa en la montaña. No pisará las trazas de otros esquiadores, pues en vez de tres grupos de 48 personas, disfrutará de la experiencia en compañía de ocho amigos, por el mismo precio. Privacidad, exclusividad y flexibilidad, sin límites.

Guía práctica

Mundo Expedición comercializa en exclusiva para España este viaje por 9.112 para cinco días de esquí en grupo privado de ocho personas (12.562 /siete días); o 5.527 si viajan 16 personas cinco días (7.537 / siete días), sin incluir los vuelos. No hay limitación de kilómetros esquiados y el plan se confecciona a medida (comida, horario, tipo y ritmo de esquí) y las comodidades del “lodge”.

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